Testimonio del facilitador

Cada semana, cada clase que comienzo…

me entra el miedo, esa sensación en el estomago
de vacio ante la responsabilidad…
Empieza la semana y pienso en cada grupo.
Cada persona es diferente, cada uno con diálogos interiores…
Cinco grupos semanales cerca de sesenta personas…
Y esa sensación de nervios en el estómago…
De dar lo mejor de ti.
Tu honestidad en cada clase, con cada persona,
Con delicadeza,
Con empatía,
Con sensibilidad y con
tu integración del sistema. Todo forma parte de lo que un facilitador sostiene en cada clase.
Y después de ocho años…sigo teniendo nervios cada vez que doy una clase.
Lo reconozco, el vértigo de aportar vida a cada uno.
Mi responsabilidad con cada ser humano que confía.
Es mi desafío y misión en estos momentos de vida.
Gracias, gracias, gracias

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