Erase una vez un Gol que no llego. Y el padre del gol era un balón.

Un balón hecho para hacer disfrutar a la gente, para que al verlo la gente lo siguiera con la mirada y a través de él sintiera emoción, satisfacción, sintiera que una parte de el estaba en ese balón.

Ese balón tenia en su interior otra misión mucho mas grande y era unir a todos aquellos que les gustaba el deporte en una pertenencia del lugar donde era el equipo. Esa pertenencia daba fuerza a cada persona que seguía al equipo, se sentían bien por que pertenecían a una ciudad y esa ciudad para ellos era su orgullo, ese dominio era su emblema, su fuerza, solidez, firmeza, se hacían amigos, se fomentaba la amistad, la solidez, los lazos.

Era un ritual ir los fines de semana a ver a su equipo, sentir la energía, la garra, el brío de los jugadores de futbol con el balón.

Y ese Balón la tarde del 9 de Junio tenia una misión importante para una ciudad que se llama Zaragoza, y era marcar goles de su equipo para pasar a Primera división. La ciudad estaba emocionada, el estadio estaba completo, muchas almas estaban tan emocionadas, tan ilusionadas con ese sueño, un sueño que les hacia sentir importantes, como ciudad, como personas, la fuerza de la PERTENENCIA DEL GRUPO.

Pero a veces los sueños, sueños son y eso sucedió, el balón no llego al gol que se necesitaba, y la ciudad lloro, el cielo empezó a ennegrecerse, la lluvia comenzó a arreciar, y con ella muchos corazones lloraban.

Salí a pasear en ese momento y sentí esa tristeza en el ambiente, el olor a perdida de la ilusión de todos, Yo no soy futbolera, pero creo que yo también he perdido como ciudadana de la ciudad que vivo, y me siento triste por mi pertenencia con todos los habitantes de esta ciudad que amo y estoy orgullosa de vivir.

Yo también hoy estoy triste por ese gol que no llego.