Querida Elena:

Hace tres semanas que te conocí, musitabas al hablar, tu barbilla con sus temblores susurraba querer contar algo con tranquilidad pero algo interno te lo impedía.

Tus ojos, ¡¡tus ojos!!

¡Ay tus ojos Elena lo que me dijeron en un segundo!, me miraron muy profundos y me dijeron ¡¡No se salir de mi!!

Lo cierto es que me impactaste, es el octavo grupo de Violencia de Género que trabajo, desde hace cuatro años, cerca de cien mujeres han pasado por estos proyectos de Empoderamiento.

Y de repente algo sucedió cuando te vi que empaticé contigo.

Quizás sean las ganas que tú no sabías que tenías de salir del círculo,

Quizás como nos explicabas como era tu sentir.

Quizás tus frases que nos desgarran cuando compartes lo que te sucede interiormente en cada danza.

La primera clase vi como caminabas, era un cuerpo que había desconectado de su ser, lleno de maltrato sutil, configurado para hacer lo que los otros quieran.

Anulado hacia el sentir, validado a lo que tiene que ser aprobado por los demás.

Elena acostumbrada a respirar el aire a sorbitos lo justo e imprescindible para vivir,

Elena acostumbrada a mirar a través de sus lentes con la mirada disimuladora, huidiza, y dolida de llorar por como siente la vida

Recuerdo que te invite a una danza de levedad, a que subieras tus brazos, y con ese acto tu capacidad pulmonar se ampliara y respiraras la amplitud de tus brazos convertidos en alas…y me miraste y me dijiste

¡NO SE! ¡Me da miedo! ¿Subir mis brazos y moverme? ¡

Ayudarte al movimiento, sentir como tus ojos sentían vida con esa ligera oscilación.

¡¡Tu miedo en mi piel al rozarte!!

Tu cuerpo sorprendiéndose continuamente, y así…en un breve espacio…

Tu alma se fue convirtiendo en música. Y tu cuerpo en movimiento

La música es un amor silencioso que nos eleva y nos sana

Cambiar de piel con la música y buscar con ella donde duele lo que no tienes.

Comentaste que tuviste un gran dolor de cabeza al día siguiente, tu cabeza no aguantaba dejar de llevar las riendas, el sentir había despertado, el cuerpo tomaba el coraje de vivir y tu parte racional se enfadaba.

Pero volviste, sabiendo que esa semana te habías despertado.

Y esta tercera semana me pediste que fuera a quemarropa, que quisieras abandonarte a la oportunidad de la vida, a las manos entrelazadas, al pulso del corazón, a soltarte el cabello y sentir el viento…

Querida Elena: Invertiré mi tiempo entero, porque tú eres una alumna que me lleva al Paraíso

Biodanza Social- Colectivo Violencia de Genero

12/Noviembre/2017

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