La vida no tiene prisa, somos nosotros quien la tenemos por vivirla….
y allí surge el desequilibrio al final del camino.
¿Qué he hecho con mi vida?
¿ Qué podría haber hecho y no hice?
Veo a mi madre caminar en esta su recta final. Y me hace espejo y me pregunto que pensaré yo de mi tiempo vivido si llego a anciana.
Ahora pienso en mis dias hasta este preciso instante y estoy orgullosa de mi camino, por que he sentido y vibrado con la vida, he reído, he llorado, me he caído, me reinventado, encontré mi don y sentido de vida y me quedan muchas cosas por vivir y descubrir.
Además camino de la mano con un hombre que amo y la Naturaleza me responde a mis preguntas.
Sólo a veces tengo esa prisa de que se me escapa el tiempo…y me surge la ansiedad por hacer…entonces dejo de sentir y el disfrute por vivir desaparece.
No aprendo esa lección de que la vida no tiene prisa, somos los humanos quienes la tenemos y allí entra nuestro alejamiento del ser.
Es la lección de vida más costosa y que siempre vuelvo a repetir curso del querer seguir haciendo.
No pasó al siguiente curso, ni siquiera ahora de vacaciones…que el tiempo kronos debería desaparecer lo hago…
Y cuando tenga el pelo lleno de canas…entonces seguro que ya no pienso nada de eso…el
“Debería haber hecho”
Desaparecera por el:
” YO HICE ”
Lo cual quiere decir que habré perdido mucho más tiempo en algo que ni recuerdo.
Pero…es verano estoy en el pueblo de los abuelos…a lo lejos se oye un gallo….y yo siento el ahora, su canto.. mi vuelta a mis orígenes..
La casa de los abuelos…mi madre quizás en su último verano…mi sobrina en sus primeros veranos y yo en la creación de mi vida.
¡¡¡La vida que tanto nos regala y no sabemos verlo!!!