Nueve de la mañana de un dia cualquiera, hora de entrada a clase.
Veo a un niño arrastrado por la mano de su madre, para llegar puntual a clase.
Mientras el niño le dice
_¡No quiero ir al cole, mami!
La madre tira de él y le riñe.
El niño no más de cinco años, refunfuña sobre el mandato.
Pero de esta escena,
que se repite en todos los coles del mundo todos los días, lo que me preocupa es el gesto del desacompasamiento en la vida.
El niño se acostumbra a que mamá no se coordine con el.
A qué lo habitual es ir detrás desacompasado ritmo de los mayores.
¡Y así empieza todo!..veo a los demás con otro ritmo y pienso que es lo normal.
Y luego dices…¡Es que yo no tengo ritmo!
Gestos que desde la infancia activan el individualismo, no coordinarse con el otro…
¡Y así sigue la vida!.
¡Y esa mami no piensa en ese pequeño gesto que sería ralentizar su paso para coordinarse los dos a la vez en ese primer camino que es ir al cole!
¡Y tampoco lo pensó tu abuela al llevar a tu madre al cole y tu madre tampoco lo hizo contigo y ahora no lo haces tu con tu hijo.
Y la vida no cambia….porque no cambiamos nosotros.
Las pequeñas cosas generan grandes cambios, coordinar tus pasos saliendo unos minutos antes de cada cambiarían la vida de la madre y del niño…
Biodanza trabaja la pedagogía de la persona con ejercicios que hacen pequeñosgrandes cambios
Una de las propuestas más bellas de Biodanza:
Caminar a dos…tomar la energía de la lateralidad del otro para caminar en el mismo ritmo.
La belleza de ir al mismo lugar dos personas con ún ritmo acompasado te hace sentir vinculación humana y crecimiento existencial

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